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El viejo refrán andaluz que encierra toda una lección de psicología: «Más vale una ‘colorá’ que ciento amarilla»

La popular expresión invita a afrontar una conversación incómoda antes que acumular malestar durante semanas, meses o incluso años por no decir lo que pensamos

«Más vale una ‘colorá’ que ciento amarilla». Pocas palabras necesita el refranero andaluz para transmitir una enseñanza que puede trasladarse a uno de los conceptos más conocidos de la comunicación interpersonal: la asertividad.

La expresión, transmitida durante generaciones, viene a defender algo aparentemente sencillo pero que no siempre resulta fácil llevar a la práctica: afrontar determinados problemas, expresar lo que pensamos o establecer límites puede provocar unos minutos de incomodidad, pero evitar permanentemente esas conversaciones tampoco hace desaparecer el conflicto.

Dicho de otra manera, a veces puede resultar preferible pasar una vez por el mal trago de hablar claro que permanecer continuamente incómodo por aquello que nunca nos atrevimos a decir.

¿Qué significa «más vale una ‘colorá’ que ciento amarilla»?

Para comprender el refrán hay que detenerse precisamente en sus dos colores.

El «colorao» hace referencia al rostro enrojecido que puede acompañar a una situación de vergüenza, tensión o enfado. Es ese instante incómodo en el que una persona decide decir algo que llevaba tiempo guardándose.

El «amarillo», por su parte, representa tradicionalmente la palidez relacionada con el miedo o el temor a enfrentarse a una determinada situación.

El mensaje popular podría resumirse así: mejor afrontar una vez una situación incómoda que vivir permanentemente condicionado por el miedo a hacerlo.

Y aquí aparece su conexión con la psicología y, concretamente, con la comunicación asertiva.

Hablar claro no significa buscar una discusión

La asertividad consiste, a grandes rasgos, en ser capaz de expresar opiniones, necesidades, sentimientos o límites de forma clara y respetuosa, sin adoptar una actitud agresiva pero tampoco renunciando sistemáticamente a lo que uno piensa.

Por eso, el refrán no debería interpretarse como una invitación a enfrentarse continuamente a los demás.

Guardar silencio en determinados momentos puede ser una decisión perfectamente razonable. No todas las diferencias necesitan convertirse en una discusión y saber elegir cuándo hablar y cuándo no hacerlo también forma parte de una buena comunicación.

El problema puede aparecer cuando evitar el conflicto se convierte en la respuesta habitual, incluso ante asuntos que realmente nos afectan.

El alivio inmediato de evitar una conversación

Posponer una conversación difícil tiene una ventaja evidente: elimina la incomodidad inmediata.

No decirle a nuestra pareja aquello que nos ha molestado, evitar hablar con un familiar sobre un problema pendiente o aceptar algo que realmente no queremos puede permitirnos esquivar una discusión en ese momento.

Sin embargo, el asunto que originó el malestar puede continuar ahí.

Cuando este comportamiento se repite, pueden aparecer resentimiento, irritabilidad, preocupación recurrente o distanciamiento emocional, especialmente cuando sentimos que hemos ido acumulando asuntos pendientes sin expresarlos.

Ahí cobra sentido la vieja expresión andaluza: el «colorao» representa un momento concreto de incomodidad; los «cien amarillos», la repetición de ese malestar cada vez que volvemos a encontrarnos con el problema que decidimos no abordar.

De la pareja a los amigos y la familia

El refrán puede trasladarse fácilmente a numerosas situaciones cotidianas.

En una pareja, puede ocurrir cuando alguien decide callar repetidamente determinadas molestias «para no discutir». El problema es que aquello que inicialmente parecía insignificante puede terminar acumulándose.

Algo parecido sucede en las relaciones familiares. Diferencias relacionadas con decisiones personales, dinero, responsabilidades o comportamientos que incomodan pueden permanecer durante años sin abordarse abiertamente.

También ocurre entre amigos. Una broma que sentó mal, una decepción o una actitud que consideramos injusta puede no provocar una discusión inmediata, pero sí contribuir progresivamente al distanciamiento.

En cualquiera de estos escenarios, hablar no garantiza que desaparezcan las diferencias. Lo que sí permite es que la otra persona conozca qué pensamos, qué sentimos o dónde situamos nuestros límites.

La asertividad también se aprende

Ser asertivo no consiste simplemente en «decir las cosas a la cara». Importa tanto qué se dice como la manera de decirlo.

Explicar con claridad aquello que nos ha molestado, evitar insultos o ataques personales, escuchar la posición de la otra persona y escoger adecuadamente el momento para mantener una conversación son elementos importantes.

También es perfectamente válido pedir tiempo antes de responder. No todas las personas reaccionan con la misma rapidez ante una situación tensa y aplazar una respuesta para ordenar las ideas no equivale necesariamente a evitar el problema.

La clave está en encontrar un equilibrio entre dos extremos: callarlo absolutamente todo o convertir cualquier diferencia en un enfrentamiento.

La sabiduría popular resumida en una frase

Mucho antes de que palabras como «asertividad» formasen parte del vocabulario cotidiano, el refranero ya recogía observaciones sobre las relaciones humanas a través de expresiones sencillas que han pasado de generación en generación.

«Más vale una vez ‘colorao’ que ciento amarillo» es una de ellas. También se puede decir así.

Una frase que no invita a discutir por discutir, sino que recuerda que hay silencios que evitan problemas y otros que simplemente los aplazan.

Y quizá ahí esté la razón por la que este viejo refrán andaluz continúa teniendo sentido tantos años después: a veces, unos minutos de conversación incómoda pueden evitar mucho tiempo preguntándonos por qué no dijimos aquello que realmente queríamos decir.

Nerea Navarro

Nerea Navarro es una periodista con una sólida trayectoria en el ámbito de la comunicación, destacada por su versatilidad y compromiso con la información veraz y cercana. Con una amplia experiencia en la redacción de noticias y la elaboración de contenidos periodísticos, ha trabajado en diversos formatos, desde prensa escrita hasta programas televisivos. A lo largo de su carrera, Nerea ha demostrado una gran capacidad para analizar la actualidad y transmitirla de manera clara y accesible al público, lo que le ha permitido consolidarse como una profesional de referencia en la creación de reportajes y coberturas informativas. Actualmente, se encuentra dando un paso decisivo en su carrera, iniciándose en el mundo de la televisión como presentadora de programas y reportajes. Su estilo fresco, cercano y profesional le permite conectar con la audiencia, aportando dinamismo y credibilidad a cada proyecto en el que participa. Con pasión por el periodismo y una constante búsqueda de nuevos retos, Nerea Navarro combina experiencia, talento y dedicación para seguir creciendo en el medio audiovisual, posicionándose como una comunicadora integral capaz de desenvolverse tanto detrás de la redacción como frente a las cámaras.

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