Tener hijos puede restar felicidad diaria, pero dar más sentido a la vida: la ciencia explica por qué
Diversas investigaciones analizan la llamada ‘paradoja de la paternidad’: criar aumenta el estrés, reduce el descanso y limita el tiempo libre, pero también puede reforzar la sensación de propósito y realización personal

Ser padre o madre puede hacer que el día a día resulte más agotador y, al mismo tiempo, conseguir que la vida se perciba como más plena. Esta aparente contradicción lleva años despertando el interés de psicólogos y sociólogos y tiene incluso un nombre: la paradoja de la paternidad.
Las investigaciones sobre bienestar muestran que no existe una respuesta sencilla a la pregunta de si tener hijos hace más felices a las personas. Todo depende, en buena medida, de qué entendamos por felicidad.
Si hablamos de tranquilidad, descanso, libertad o ausencia de preocupaciones, la crianza puede reducir el bienestar cotidiano. Sin embargo, cuando se analiza el sentido de la vida, la realización personal y la existencia de un propósito, el resultado puede ser diferente.
Menos descanso, más preocupaciones y menos libertad
La llegada de un hijo transforma prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.
Las noches sin dormir, las nuevas responsabilidades económicas, la conciliación laboral, las preocupaciones constantes y la reducción del tiempo disponible para uno mismo forman parte de una realidad conocida por millones de familias.
Por eso, diferentes estudios distinguen entre dos formas de bienestar. Por un lado está el denominado bienestar hedónico, relacionado con las emociones agradables y la satisfacción inmediata. Por otro, el bienestar eudaimónico, vinculado al propósito, el crecimiento personal y la percepción de que nuestra existencia tiene sentido.
Y es precisamente ahí donde aparece la paradoja.
Tener hijos puede aportar una mayor sensación de propósito
Un reciente estudio realizado con datos de diez países, entre ellos España, concluye que la paternidad y la maternidad incrementan ligeramente el bienestar relacionado con la realización y el propósito vital, especialmente entre las mujeres, mientras que sus efectos sobre el bienestar puramente emocional son mucho más limitados.
La investigación introduce además un elemento especialmente interesante: la relación entre los propios progenitores puede ser determinante.
La calidad de la pareja, cuando existe, puede influir notablemente en cómo se experimenta la crianza y en los niveles de bienestar de padres y madres.
No todos los padres viven la misma experiencia
La ciencia advierte también contra las generalizaciones. Tener hijos no produce automáticamente felicidad ni infelicidad.
La situación económica, la conciliación laboral, la red familiar, el reparto de las responsabilidades, el número de hijos o las expectativas que existían antes de formar una familia pueden cambiar completamente la experiencia.
Otra investigación ha analizado, por ejemplo, el llamado “desajuste de fertilidad”: aquellas situaciones en las que una persona termina teniendo más hijos de los que inicialmente deseaba.
Los resultados apuntan a que este grupo presenta niveles inferiores de bienestar, mientras que las diferencias son mucho menores entre quienes no tienen hijos y quienes tuvieron aproximadamente la descendencia que deseaban.
Los países nórdicos rompen la tendencia
Hay otro dato especialmente significativo.
Una investigación basada en una muestra de alrededor de 43.000 personas de 30 países europeos encontró una importante excepción a la denominada paradoja de la paternidad: los países nórdicos.
Allí, padres y madres pueden presentar mejores niveles tanto de bienestar cotidiano como de realización vital.
Los investigadores apuntan hacia las políticas de conciliación, los horarios laborales, las posibilidades de reducir la jornada y las ayudas a las familias como factores que pueden explicar parte de esa diferencia.
La conclusión resulta relevante: no es únicamente tener hijos lo que determina cómo se vive la paternidad, sino también las condiciones en las que una sociedad permite criarlos.
La carga continúa siendo mayor para muchas madres
La desigualdad en el reparto de los cuidados también aparece como uno de los factores que condicionan el bienestar.
En España, especialistas consultados sobre este fenómeno señalan que buena parte de las responsabilidades de crianza continúa recayendo sobre las mujeres, pese a los avances experimentados durante las últimas décadas.
A ello se suma otro cambio social: la pérdida progresiva de las antiguas redes familiares y comunitarias de apoyo, fundamentales durante generaciones para ayudar en el cuidado de los niños.
Entonces, ¿tener hijos hace más feliz?
La respuesta de la ciencia parece ser: depende de qué felicidad estemos midiendo.
La paternidad puede significar menos sueño, más estrés, mayores gastos y una importante pérdida de libertad personal. Pero también puede aportar algo difícil de medir únicamente preguntando cuántos momentos agradables vivimos durante el día: sentido, vínculos emocionales profundos y propósito vital.
Ahí reside precisamente la paradoja.
Quizá ser padre o madre no garantice una vida más cómoda ni necesariamente más alegre cada día, pero para muchas personas sí puede convertirla en una vida percibida como más significativa y plena.



